
Un calor moderado invade la estación, un halo de festividad empañado con mi enfado hacia mi padre me roba parte de la felicidad por estar libre un día más.
Ante mi asiento metálico, a dos pasos de mi se alza una maquina expendedora que en su lateral lleva un anuncio de “Mars Delight”, unas chocolatinas, bien ricas por cierto. Al fondo de la estación, separada de mí por tres andenes una línea de árboles y rastrojos mal cuidados separa el polígono industrial de la susodicha estación.
Cuatro colombianos estan sentados a mi derecha, todos con camisas de colores claros y vaqueros de azul genérico. Parecen bastante modosos para lo que suelen ser los de su etnia. Todos de edad media y con el pelo corto, podrían pasar por hermanos, ninguno sin rasgos distintivos que me hagan recordarlos, seguramente dentro de tres horas no los recuerde ni difusamente.
Por el andén ronda otro sudamericano en una bici estilo BMX de un lado para otro, billete en la boca. La bici parece estar muy usada, con el sillín destrozado y la pintura descascarillada, pero el chico la maneja con bastante pericia, eso quiere decir que lleva tiempo montándola.
Miró a mi izquierda y no veo si no una papelera y una cabeza del ocupante del banco adyacente. Un hombre cano que raspa los cincuenta si no los tiene ya. Dos impacientes esperan en el andén. Siempre que alguien monte en tren, los divisara a la legua, porque son capaces de transmitir su intranquilidad por todo el andén. Eran dos hombres jóvenes, delgados y de mirada inquisitoria. Su inexperiencia en el tren se hace obvia pues miran una y otra vez la vía quedando casi media hora para que aparezca el rojo cercanías. Otro chico se les une, al parecer contagiado. Todo el mundo esta como expectante. A mi izquierda el viejo tose y habla con alguien que hay a su lado.
A cinco minutos de que el tren llegue un hombre calvo de unos cuarenta años, de expresión seria y vigilante, con una chaqueta de cuero, se une a los impacientes. Compruebo si mi mochila esta cerrada, para no perder tiempo antes de subir al tren.
Es una adidas negra con la bandera revolucionaria pintada en el logotipo (Azul, Rojo y Blanco), curiosa superposición de la revolución y el capitalismo. Los colombianos de mi derecha se ríen, tengo la música puesta, no me interesa para nada su conversación. En el andén de enfrente ha aparecido una señora teñida de rubia. Anuncian nuestro tren. “El Escorial, Vía 1”, dice la metálica voz de cercanías. Apenas dos minutos.
El tren llega y me subo sin hacer mucho caso de las normas de cortesía. Poca gente las hace caso. Es uno de esos de dos plantas. Prefiero ir abajo, pues el aire caliente se acumula arriba, o esa ha sido siempre mi teoría. Me gusta como huelen los trenes. Curiosamente es posible que sea una de las cosas que eche de menos en Londres. Apoyo los pies en el asiento vacío de delante y continuo escribiendo.

El interminable polígono industrial que pasa a mi izquierda no deja de pasar, parecer correr a la misma velocidad que el tren. En contraposición, a mi derecha se ve totalmente desierto. “Próxima parada, Meco”. Frenamos gradualmente para detenernos en algo más que dos vías y un andén maltrecho que no merece el nombre de tal. Muy poca gente baja y ninguna sube.
El paisaje mejora algo. Árboles verdes, a mi derecha aun sigue todo desierto. El Ecce Homo se ve descomunal a mi izquierda. Alguien se ríe de un chiste tras de mi, que escandaloso. Llegamos a la ciudad. “Próxima parada, Alcalá de Henares universidad” se anuncia. La gente que se baja no va a la universidad si no al centro comercial adyacente, la parada debería llamarse “Alcalá de henares, cuadernillos”. Pero bueno, es una estación vieja, a nadie le importa. La dejamos atrás, la vida continua. Mi ciudad comienza a pasar ante los ojos. Por fin.
Apenas dos minutos después de la universidad me llevan al final de mi viaje. Casi todas mis preocupaciones se ven empequeñecidas por estar en casa de nuevo.

Hola
Ya veo que te decidiste por salir de los MSN Spaces, igual que yo. El único problema es que aqui cuesta más encontrar lectores. Si al menos fuese en blogger, saldrías en google “por la cara”.
Dew y buena suerte