15
May
08

Dos personas para una vida, Capitulo 4

Bueno al final si viene el jueves este capitulo. Tarde pero llega jajaja. Aqui os dejo con el cuarto capitulo. Que lo disfruteis.

Capitulo 4: Llega el frío.

Desde aquella noche Jose cayó en lo que la demente sociedad de hoy en día ha dado en llamar una espiral de decadencia. Frecuentaba el Paranoia y algunos otros de similar estampa, se volvió liberal, dando la impresión de que pasaba de todo un poco. Muchos de sus allegados pensaron que tenía un shock o un trauma por el accidente de la moto. Pero desde su perspectiva era todo distinto, como una realidad a parte.

Era entonces un tiempo de introspección. Tenia veintiocho años y no se conocía a si mismo, simplemente se habia dejado llevar por las masas toda su vida. Con la cuidadosa guía de Nessa fue hurgando en lo mas hondo de su ser, eliminando la apatía por la vida, los rancios ideales políticos de indiferencia que poseía, la mentalidad de oveja.

Incluso si ropa y su físico perdieron rigidez. Su pelo se alborotó, vestía más holgado, su mirada tenía una nueva razón de ser, parecía un Jose nuevo. La estricta apariencia se mantenía en el trabajo, pero la holgazanería y la rabia con que lo efectuaba daban a entender que no estaba nada de acuerdo con la rectitud de su oficio. El trabajo era una isla de malestar en su vida por aquellos momentos, pero aun no estaba preparado para cortar con todo tan de raíz, para mandarlo a la mierda definitivamente.

Las épocas en las que pasaba revisión a sus progresos y retrocesos en la carrera de la vida no le gustaba salir de fiesta si no meditarlo en su casa relajadamente. Nessa comprendía esa necesidad de ordenar ideas y nuevos conceptos. Entonces lo acompañaba y pasaban las horas hablando en la cama o en el sofá.

Andaban en una época de esas cuando la nieve sorprendió a Madrid con una de sus poco frecuentes visitas. Nevado como estaba, el mundo prometía una feliz navidad a todo el mundo, especialmente a Jose, que estaba más alegre que nunca. Apoyado en el pequeño ventanal de su habitación contempló la pequeña porción de Casa de Campo que se abría ante el. El grifo de la ducha se apagó, Nessa habia salido.

Habían pasado nueve meses desde la noche en el Paranoia. Los dos se habían entendido a la perfección, a pesar de ser la antitesis por antonomasia. Juntos estaban muy a gusto, hablaban, Jose aprendía de Nessa y salían mucho de fiesta. Era su vida. En las salidas parecían retarse a ver quien era mas parrandero pero su menuda compañera lo ganaba siempre por la palma. Chupito a chupito tumbaba a bebedores con experiencia de veinte años, mientras ella apenas se tambaleaba.

En Agosto, Vanesa se habia trasladado casi completamente a casa de Jose. Tan gradual y agradable fue su adaptación que el hombre no sabia cuando le habia dado las llaves para que entrara y saliera a su antojo. Se encontraron viviendo solos sin prácticamente problemas.

El timbre sonó. Mientras Nessa salía de la ducha, el sorprendido Jose se acercó a la puerta, ¿Quién seria? La abrió, y de una manera un tanto cómica se quedó con la boca abierta:

- … ¿Mama?- La palabra le salió con dificultad después de tantos años sin pronunciarla.

- Hijo mío.- Dijo dándole un beso en su atónita cara y pasando como un huracán a la casa.

Diez segundos después de que su madre se presentara en la puerta sabia porque se habia ido. El fanatismo de su madre por el orden, su voz deslenguada que la hacia creerse superior y su tono de voz excesivamente alto eran en extremo irritantes.

Alertada por el ruido Nessa apareció en la puerta del servicio y se quedó si cabe mas sorprendida que Jose. Lo miró unos instantes y viendo que este se debatía entre el estupor y el horror de encontrarse en esa situación se decidió a actuar ella:

- Buenos días.- Dijo, quizás excesivamente alto.

Surtió efecto, porque la madre de Jose se detuvo en su feroz critica (estaba ya despotricando contra el arquitecto por la distribución del espacio). La mujerona, que rondaba los cincuenta años mal cumplidos, giró su arrugada cabeza hacia la pequeña mujercilla que la habia imprecado tal venenoso saludo.

La miró de arriba abajo. Jose, conocedor del carácter de su madre, casi veía las críticas acumularse en los labios para salir en un chorro ofensivo y despiadado. Pero antes de que lo soltara desvió la atención de su progenitora una vez más:

- Mamá que haces aquí…- Más bien fue un lamento que una pregunta.

- Pues nada hijo, que tu padre y yo hemos pensado en pasar las navidades contigo.

Al pobre vigilante de metro se le cayó el alma al suelo. Balbucieron unas palabras sobre la habitación de invitados y se metió a su habitación, seguido por Nessa, que aun no se recuperaba del todo de su sorpresa. Nada ver que su novia cerraba la puerta tras de si, el hombre empezó a soltar barbaridades por la boca, estaba entre asustado, enfurecido y sorprendido, aunque predominaban las dos ultimas sensaciones.

Cuando logró dominarse la chica lo miraba con una sonrisa de comprensión, aun sujetándose la toalla le dio un abrazo y lo tranquilizó como solía hacer. “No te preocupes, saldremos de esta””Venga, algo positivo sacaremos” El tipo de cosas que nadie se cree pero que a todos nos agrada oír en las situaciones comprometidas.

Mas sereno, se prometió afrontar esas dos semanas con el estoicismo de quien aguanta un dolor de muelas. Después de todo, tenia a Nessa, ¿Quién no aguantaría con su callejera sabiduría a unos padres retrógrados?

Una semana después, Jose hacia planes para mudarse a Kualalumpur. Su casa habia dejado de ser su casa, su madre lo atosigaba con un montón cosas banales de las que el no se habría dado cuenta en la vida. “Cuídate esas puntas del pelo””Por dios que manera de hacer la cama es esa””Te falta pescado en la nevera” o si habia pescado “Hijo mío pareces vegetariano, compra mas carne”.

El día veinte, sucedió algo que tensó más si acaso la convivencia. Su madre se metió con Nessa. Su pelo, su ropa holgada, sus escotes, todo la parecía mal de la chica, hasta la sugirió que se operara la chata nariz. Nessa hacia como que le resbalaban los comentarios, pero mas de una vez estuvo a punto de emprenderla a golpes con la deslenguada de su madre. Jose no se iba a meter en medio. Su madre se lo buscaba.

Entre tanto su padre le hacia criticas veladas sobre su nueva forma de vestir, la disciplina en su vida, y mil cosas mas que a un militar rígido como él le machacaban las ingles a rodillazos, por usar una expresión fina. La situación era insostenible. Nessa y Jose, a pesar de quedar solo cinco días muy tentados estuvieron de mandarlos lejos. Pero aguantaron.

Llegó nochebuena, y con ella el incidente que llevó a Jose a quedar desheredado y, si de su familia hubiese dependido, despojado de apellidos. Su ahora irreconocible salón estaba equipado con una mesa que Jose no quería saber de donde habia salido y una comida suculenta. Sus padres se sentaron, estirados y en trajes de noche a la mesa. Jose más informal con un vaquero y una camisa negra. Nessa apareció con su atuendo multicolor de retales:

- Hay que ver esta niña, vistiéndose como una puta para la cena mas cristiana que hay en todo el año…

Su crítica no pudo seguir, porque los puños de Jose se estamparon contra la mesa, que retembló y volcó las copas de vino. Su madre lo miro asombrada. Jose se levantó de la silla y dijo:

- Muy bien, hemos aguantado vuestras criticas durante mas de dos semanas sin rechistar. Vuestra jodida rectitud me tiene hasta las pelotas ya. Nessa viste como la da la gana, yo también, y tenemos nuestra vida montada como nos da la real gana, así somos felices. Nadie os pidió que vinierais.- Desapareció un momento y volvió con su abrigo y el de Nessa.- Por cierto madre, tu asado apesta, no se si te lo he dicho alguna vez. Mañana por la mañana os quiero ver fuera de mi casa o tendréis una denuncia por allanamiento de morada. Adiós y feliz navidad.

Vanesa lo siguió con una sonrisa de oreja a oreja en la cara, haciendo bailar los retales de su atuendo con alegría. Bajaron a la calle y se arrebujaron en los abrigos, abrazados y andando despacio. Cuando pararon en un paso de cebra, Jose rompió el silencio:

- ¿Hace una pizza antes de irnos de juerga?

- Por supuesto cariño.- Dijo dándole un beso Nessa.

Y así llegaron a la navidad, con una pizza en el estomago, mas libres que nunca y bebiendo tequila en el Paranoia con gorros de Papá Noel mientras se desgañitaban cantando Slayer con los barbudos de sus compañeros.


2 Respuestas a “Dos personas para una vida, Capitulo 4”


  1. 1 dostospos Mayo 19, 2008 a las 12:44 am

    Zetto, buena combinación ¿eh? pizza y tequila, je,je,je,

    Un saludo

    PD: Sigo sin poder acceder a tu blog desde el mío.

  2. 2 ZeTTo Mayo 21, 2008 a las 10:53 am

    Pueeeeeeees de verdad que no se porque, yo ya solucione mis problemas con wordpress (era por la conexion no por el servidor) entonces no se… mania que me tiene tu blog jajaj.

    Si, la mejor combinacion para pasar unas navidades, quien quiere asados y rollos familiares cuando con una persona y cincuenta euros puedes ser feliz todas las navidades… demasiado materialistas somos me parece.

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