17
Ago
08

El pasado de un amigo, Capitulo 1

Bueno aqui empiezo otro pequeño relato como “Dos personas una vida“. Se dividirá en tres o cuatro capitulos solo pero tendrá mas o meno la misma duración que el antes citado. Unas veinte páginas a lo sumo. Pues nada, que espero que os guste.

En otro orden de cosas, no os olvidéis de los puñeteros diarios. Habréis notado unos pequeños cambios en la barra de la derecha, las paginas importantes están ahora arriba, justo debajo del titulo, para los poco observadores. Estoy preparando la pagina de acceso de “El pasado de un amigo” como la de “Dos personas una vida“. Bueno, os dejo con la historia.

Capitulo 1

Haydd se movió con cautela por la angosta casucha, que olía a humedad y a podredumbre, el dulce olor al que pensaba que jamás podría acostumbrarse. El suelo crujía, algo extraño dado que era de plaqueta, blanca, llena de ronchas de desperdicios y agrietada, pero plaqueta, era demasiado raro que crujieran, debería mirar eso.

La cocina estaba sucia, vieja, todos los cubiertos llevaban una pátina de roña y herrumbre en el mejor de los casos, estaban comidos o destrozados la gran mayoría de ellos. Haydd había tratado de renovar los útiles de cocina, pero si no tenia para renovarlos ella misma, ¿Cómo iba a hacerle ese favor a Vladimir? Abrió la nevera y el tufo que la llegó la hizo saber con toda clase de detalles que la luz había sido cortada. Había algo en MUY mal estado ahí dentro.

Trató de localizarlo, pero no tenia agallas de acercar la nariz a los productos, ¿Quién querría encontrarse mas de cerca con ese hedor? El pequeño paquete de jamón ahumado estaba en perfecto estado, envasado al vacío. Lo sacó y al abrirlo, una bola de pelo, entre mimosa, hambrienta y furiosa se lanzó contra sus piernas. Samos.

Samos era el gato de Vladimir. Lo que Haydd no sabia era como había sobrevivido un felino tan activo, cariñoso y confiado a la escasez de alimentos y los innumerables desesperados que andaban por ahí con ganas de echarse algo a la boca (la situación había mejorado, pero no mucho). Se agachó y sintió su ronroneo como una sorda vibración dentro del escuálido cuerpo gatuno, de pelo corto y color miel, que mostraba ligeramente su poco alimentado costillar. Le dio una loncha de jamón y el gato, sabedor de que no iba a obtener mas recompensa por su cariño, desapareció a disfrutar la comida.

Haydd se quedó un rato ensimismada, viendo como el gato huía con un movimiento suntuoso, sintiéndose el rey con su loncha de jamón, y recordó el día que había conocido a Vladimir, un día que fue el primero de su amistad gracias a su gato, a pesar de que intentó comérselo.

Ella rondaba por entonces los diecinueve años, era 1921 y la guerra había pasado con sus terribles consecuencias. El hambre asolaba todo sin piedad. Ella vagaba por la calle abrigada y en busca de alguna oportunidad de comida. Entonces lo vio. Un gato. Hacia tiempo había superado el escrúpulo a comerse animales de compañía, en su antigua casa, en Delfos, Grecia, el hambre había sido bastante peor de la que sufrían en ese momento.

Ella se acercó y este se dejó acariciar, pero en cuanto hizo amago de cogerlo, de un bufido saltó, e hizo correr a Haydd tras él. No iba a dejarlo escapar tan fácilmente, por lo que lo siguió. Vio que se metía en una casa, al parecer la de su dueño. Ella entró tras el gato sin dudarlo, rezando para que no hubiera nadie en casa. Pero lo había.

Era un hombre de unos cincuenta años. De pelo cano con vetas rubias aun, muy corto, casi rapado. Tenía una constitución dura y una mirada alerta. Parecía un militar. No parecía ni español de francés, pero eso no era raro, Andorra era por aquel entonces un collage de razas.

El gato se le subió encima. La miró sin levantarse del sofá en el que leía:

- Samos no suele huir de la gente a menos que lo intente coger.- Dijo levantando solo fugazmente la vista del libro. Samos debería ser el gato.

- Eh…

- Te lo querías comer.

- Pues…

- Si, querías hacerlo.

- Oh perdone.- Dijo Haydd, sintiéndose como un monstruo, el hambre había dado paso a una repugnancia por si misma.- Pero lo vi y no pude evitar pensarlo…

- No te preocupes, en la nevera tienes algo de queso, tráelo y lo compartiremos.

Ese gesto hizo que Haydd se relajara, dejó las riendas de la situación al inquilino de la casa, aun sintiéndose mal por querer comerse a su gato. Se sentó a una distancia prudencial, la amabilidad podía esconder muchas cosas. El hombre no hizo amago siquiera de moverse. Cuando ella se hubo sentado y cortado el queso, algo seco, cerró el libro y la miró con esos profundos ojos verdes, llenos de algo muy parecido al dolor:

- Ahora pequeña, dime de donde has salido y porque estas aquí.

Dos años habían pasado desde que pronunciara esas palabras. Vladimir, que así se llamaba el hombre de aquella casa, fue soldado en el ejército rojo. Era lo único a lo que hacia referencia de su pasado. Nada de su exilio, nada de su familia. Nada. Hablaba de su experiencia a través de Europa, en la cual Haydd veía que también habia algunas lagunas. Pero jamás hablaba de la Madre Patria. Jamás mencionaba nada más allá de los Urales.

En cambio Haydd le había contado toda la historia de su familia, el viaje desde Delfos, una isla minúscula donde el hambre había sido extrema durante la gran guerra, el como habían acabado en Andorra y porque. Dos años.

En esos dos años la enfermedad de Vladimir empeoró y Haydd se preocupó por su vida. No sabía que era. De amistad pasó casi a una relación de dependencia. No podía levantarse de la cama, hablaba poco y agradecía lastimosamente la asistencia de Haydd, que no podía dejar de visitar a un amigo con el que habia conectado tan profundamente en tan poco tiempo.

La chica se preguntaba de donde había salido una enfermedad tan devastadora, Vladimir le había explicado que era de los huesos y que siempre la había tenido, que no era contagiosa, con lo que su compañera perdió toda remisión a ayudarlo.

Podríamos relatar los dos años que pasaron, los progresos de la enfermedad, pero no tendría ningún sentido relatar banalidad, pena diaria y conversaciones cotidianas.

Haydd se levantó y de camino a la habitación se vio en un espejo. Veintiún años. Estaba en la cumbre de su desarrollo físico, venia de buena familia, y eso se notaba en su físico. Alta, de pelo moreno lacio y piel tostada, con un cuerpo lleno de curvas, algo delgado por las penurias, pero bello, y aquello se adivinaba a distancia. Su cara, en la que se reflejaba lo que había pasado se mezclaba la esperanza por vivir feliz, una fiera determinación y una consciencia de su belleza, que daba un toque altivo a su mirada, un porte que la hacia parecer mas grande incluso de lo que era.

Entró a la habitación y vio a Vladimir durmiendo. Había algo raro. Le llamó, y este no se despertó. Se acercó a él y le tocó, pero al instante se arrepintió. Lívido. Frío. Muerto. Vladimir. Muerto.

La comida cayó de la mano con un chapoteo al tocar el suelo. Un chapoteo que la hizo recordar al de un charco de sangre, lo que acentuó si cabe algo mas la nausea que estaba sintiendo.


5 Respuestas a “El pasado de un amigo, Capitulo 1”


  1. 1 DaRkBruJii..*
    Agosto 18, 2008 a las 12:16 am

    Comento porque me lo pides… xD

    Pues como ya te e dicho me a gustado bastante, como todo lo tuyo que he leido practicamente!
    Espero la proxima actualizacion para seguir leyendo.. jjj

    Asique nada.. fuera de contexto, a ver cuando me invitas a un poquito de vodka.. jjj

    1Bso, xaoo!

  2. 2 Schrei!
    Agosto 18, 2008 a las 1:46 pm

    Siempre me han encantado las historias sobre guerras y posguerras, un tema muy común, pero difícil de convertir en algo legible -saber meter datos sin aburrir, saber reflejar con claridad los sentimientos de los personajes, los ambientes…-. Quizás me gusten tanto porque las odio, y siempre en este tipo de narraciones se suelen demostrar más motivos para hacerlo.
    La parte del gato me ha gustado. En ella se demuestra tanto la desesperación del hambre como el comportamiento que se suele tener cuando ya no queda nada. Lo poco que se tiene, se comparte… incluso con un gato que te podría servir de comida. La guinda del pastel ( :
    No hace falta decir que espero con ansias al segundo capítulo, ¿eh? Has dado con mi punto pacifista.

    Peetó!

  3. Agosto 20, 2008 a las 12:10 pm

    Zetto,

    He llegado justo a tiempo, al primer capitulo, je,je

    Un beso

  4. Agosto 20, 2008 a las 6:55 pm

    UUh se queda interesante. Parece que tu punto fuerte es la descripción, la haces con todo lujo de detalles. En cambio, para mí no es tan fácil, de hecho suelo pasar bastante de ellas jjjj, tendré que mejorar y acer menos uso del diálogo.

    Saludos

  5. Agosto 20, 2008 a las 10:53 pm

    Mi mamá ha vuelto!! jaja. Un veeeeeerdadero placer verte de nuevo aquí el mes se me ha hecho muy largo.

    Borja, que daria yo por tus dialogos, los mios parecen dialogos autistas… ¬¬ jajaj.


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