Bueno, producto del estrés, de las broncas y de encontrarte al límite es éste texto. Nada más que decir.
Agobiada, así me siento entre estas cuatro paredes, rodeada de barrotes invisibles pero inexpugnables, creo que tengo un espacio vital tan minúsculo, que ni siquiera existe. Me encuentro en un pequeño cubículo dentro de una gran y despiadada selva, sé que cada vez que abro la puerta feroces bestias están al acecho para, al menor despiste, saltar a mi chepa y devorarme hasta la más recóndita de mis ilusiones.
Sí, tengo alas, pero, ¿de qué me sirven si no las puedo extender? Lo más lejos que las pobres alcanzan es a acariciar el papel y la tinta, empaparse del sabor a intimidad y a libertad que el expresarme a mi antojo me otorga. Pero lo peor… ¡lo peor es que no puedo llorar! No puedo expulsar por los ojos la rabia o la tristeza que anidan en mí, no puedo deshacerme de esos océanos en los que flota mi malestar, no puedo vaciarme del vacío, no puedo dejar que mi almohada se empape en lágrimas, ¡no! Pues eso me ahogaría aún más.
Y luego está ella, mi cruel ventana, que me enseña el más maravilloso mundo que hubiera podido imaginar, para luego dejar caer un manto de oscuridad que todo lo oculta, y así día tras día, paso la noche esperando el día, y el día a que llegue la noche. Porque pese a todo conservo esperanza, sí, no me cataloguéis de ingenua, que ya bastante me lo reprocho yo, pero sigo albergando en el único rincón sano que queda en mi corazón un lugar para ella; sé que será pronto, él vendrá, me sacará de aquí y seremos felices ya hasta el fin de los días, y ya no habrá más noche, ni más día, no existirá Luna o Sol que me diga cuando cerrar los ojos. Porque entonces la única ley que acataré será la de ser la eterna feliz, la de perenne sonrisa, me conocerán como Sufragista, la de mirada brillante.
He de recordar que cuando ése momento llegue no debo arrancarme las espinas que durante todo este tiempo he tenido clavadas, no lo debo hacer, ya que así recordaré porque debo seguir sonriendo, que cualquier adversidad que a mí se enfrente será una nimiedad comparada con esta cárcel, que ya se puso la Rueda del Destino en mi contra, así que ahora le toca beneficiarme. Y poco a poco, florecerán de las espinas las rosas, que llenarán mi rostro de belleza; y de ésas rosas, rosales enteros, sí, rosales enteros llenos de un aroma tan embriagador que todo al que a mi lado pase hará saber que soy feliz, que he aguantado mucho y que soy fuerte; porque de los rosales nacerán ninfas y hadas, que con sus laúdes compondrán las más bellas melodías para mí; y de ésas melodías, en el sigilo de la montaña, renacerán la Luna y el Sol, y esta vez seré yo quien los bautice, yo misma en persona quien les diga que no pudieron acabar conmigo, que soy cómo el ave Fénix, que me quemaron encerrándome con mis propios demonios, pero resurgí de mis cenizas totalmente invencible, siendo así más poderosa que ellos.
Pero ¡oh! ¡Aguardad! ¿Rescribí el cuento de la lechera? Y mucho me temo, que aunque aquí no conste habrá de tener el mismo y maldito final…




Me gusta muchísimo la forma en que escirbes…MI MÁS SINCERA ENHORABUENA!!!!
Salu2!!!