Para Oosaki, que me he quedado con cara de bobo explicandola las cosas que tanto me apasionan, gracias por ayudarme y aguantarme.
El lapiz se desliza sobre el papel con rapidez, con la facilidad que da la practica, el rasgueo del grafito se va deshaciendo a la vista, los numeros pierden todo el significado, ese ocho se contorsiona, en una silenciosa danza que solo ellos entienden, se mueve, alabea, se convierte en una corchea, baila con sus compañeros al compás de la música, un son que solo ellos conocen, que a pocos les es dado ver, una danza primitiva, ancestral como los propios numeros, mas salvaje aun que el fuego, mas desconcertante que este, en su extraño ritual tribal los numeros cobran sentido y la matemática, concreta y pura, se convierte en el arte de la ecuación.
Texto creado con las cadenas de asociación.
Comentan estas "cosas"...