El siguiente manuscrito se encontró en una choza toscamente construida en bosque cerca de Vesisaari, Finmark (Noruega). Parece ser una conexión clara con algunos asuntos turbios que la policía del país investiga en dicha ciudad, de los que no se sabe mucho. El documento en sí fue hallado en condiciones lamentables, estando semidestruido y fragmentado, por lo que los investigadores han intentado realizar una reconstrucción y han ordenado los diferentes pasajes para obtener el siguiente relato, que presenta aún considerables lagunas. Aquí se lo presentamos a nuestros lectores:
“Ya no soy capaz de expresar este sentimiento con palabras, ni con imágenes, ni con las más estridentes melodías. El día en que me di cuenta fue un día trágico. Se hizo el silencio en la cacofonía de la ciudad, y yo, el artista frustrado, encontré mi vocación. […]
Años y años pasaron tratando de hacer sangrar las hojas y los lienzos, enfrentándome a un cargo de conciencia que, quién sabe como, crecía en mí no dejando espacio ni para el aire, ni para la comida, ni para la razón. Luché desesperadamente por volcar mi emoción en aquellos tradicionales soportes físicos de lo intangible: la escultura, la pintura, la música, cientos de poemas dedicados al demonio, pero no ese demonio bíblico, sino el demonio propio de nuestra naturaleza animal, más allá de lo moral o lo inmoral. Un demonio que desde que vislumbré su halo, no pude dejar de estudiar. […]
Mi imaginación me jugaba malas pasadas. Yo sabía que la imaginación no es más que un error genético, una horrible mutación que había condenado al ser humano, un día un ser puro, a convertirse en un vagabundo cósmico que habría de caminar desde entonces por siempre entre las sombras de lo incierto, sin discernir jamás entre lo verdadero (si es que existe) y los frutos de su demencia. Todos estamos en este punto locos sin excepción.
Hubiera querido por esto convertirme en piedra, y frenar así este delirium tremens de fantasía humana. Pero no pude. Pensaba día y noche, confundiéndome a mí mismo, sobre hasta que punto merecemos vivir en esta ilusión, en este montaje de dimensión que hicimos a imagen y semejanza. Las reflexiones eran tan dolorosas, que hube de buscar una válvula de escape. Entonces el demonio me habló, y unificó mis actos para alcanzar un objetivo digno. Su voz era tan bella, y me hacía sentir tan libre, una sensación indescriptible, la libertad absoluta, que no pude oponer ninguna resistencia. Su discurso no ofrecía lugar a errores. […]
Siempre me habían impactado los bellos palacios construidos en las crestas de los Cárpatos. Sus almenas demostraban una fortaleza titánica a la vez que sus gráciles agujas con banderolas serpenteantes rasgaban jirones de nube como la mano que trató de arañar el cielo. Me hacían sentir minúsculo, y me asombraba de cómo otro hombre había sido capaz de causarme tal sensación con su legado. Si él había tenido tal poder sobre mi reacción, me preguntaba si yo tendría esa misma habilidad para implantar mi pesadumbre en el sistema nervioso de otras personas y de este modo alejar a la raza maldita de su errar constante en el universo.
Comencé mi carrera, una carrera oculta, experimentalista, de mí para mí hasta que consiguiese mi obra maestra que pudiera mostrar al mundo y éste se retorciera de repugnancia y pesimismo. Poco a poco mis ideas se extendieron a unos pocos cerebros en contacto, algún avistador casual del trabajo hasta entonces realizado, y noté que podían ocurrir dos cosas nada más: o bien el rechazo llano y visceral o por el contrario el sujeto quedaba atrapado en la espiral del sufrimiento, infectado por el virus que había desarrollado en mis laboratorios y que destrozaba la visión artificial de la realidad y dejaba a la mente sin máscara de distorsión, y los oídos dispuestos a las sabias palabras del demonio.
Pero yo quería algo más, no quería convertir a nadie en zombi sufridor, sino en una potencia. No bastaba con sumirles en un estado de dolorosa reflexión continua una vez abierto su pensamiento, sino que habría de abrir sus cuerpos al movimiento. Al igual que los palacios en los Cárpatos me habían impulsado a emprender mi camino de artista, debía impulsar al mundo a tomar la auténtica actitud humana, a despertar del letargo inducido por treinta y seis mil años de falsa divagación. Nuestro demonio natural debía despertar y traer de vuelta a la Humanidad, cada día me cabe la menor duda. […]
La frustración era tremenda. Estaba levantando asombro en mis círculos cercanos. Asombro y admiración por la calidad de mi arte, que aunque grotesco causaba un deleite hipnótico. Pero nada más, la gente se trastornaba a medias. En ningún momento nadie se propuso seguir al pie de la letra las instrucciones de mis poemas, o los trazos de mis retablos. Aquellos medios eran imperfectos y no podían sostener una idea en sí misma, sino solo una fracción de su esencia. Eran una voz ronca grabada en un casette de mala calidad. […]
Cierto día, mientras reposaba en el balcón de mi estudio, observé como un gato callejero se abalanzaba sobre un gorrión apoyado en la barandilla oxidada. Lo atrapó entre sus zarpas, pero la barandilla, pendiente de una reparación, se desencajó de sus sujeciones y se precipitó al vacío desde una altura de siete pisos en apenas dos segundos. Nadie abajo resultó herido, pero ambos, gorrión y gato, quedaron destrozados contra el pavimento bajo el peso de la baranda. Contemplé curioso como los compañeros del gato recogieron el botín capturado por su fallecido amigo, abandonando el cadáver de él a la suerte de las hormigas, que pronto dieron cuenta. Tuve una revelación, una sensación que tanto tiempo había estado buscando, su cara se apareció ante mí con tal realismo que pensé que podría tocarlo, y no tuve miedo, sino que sentí un profundo respeto. […]
Me dirigí a uno de los bosques más salvajes de la región. Allí, me deshice de mis ropas y me adentré en la frondosidad con una sola ilusión y nada más, dejando todo cuanto odiaba atrás. Fui a encontrarme con él en la soledad y la dureza. No es lo que me ocupa contar que aconteció durante mi estancia en el bosque, aunque para que tengan una idea en esta misma fría estancia donde leen mis pensamientos tienen una prueba de lo cruel que fue la supervivencia. Quizá, más adelante y si lo considero necesario, haré referencia a algunas anécdotas que seguro encuentran interesantes.
Diré que cuando salí de él, cuatro años más tarde (como pude comprobar en los calendarios que encontré fuera), se me había dado por muerto tras numerosas investigaciones y búsquedas. Me las ingenié para conseguir algo de atuendo e higiene, y emprendí el regreso a la ciudad habiendo finalizado al fin mi deshumanización, un proceso de comunión que me reportaba placeres innombrables, siendo al fin parte de él, siendo su voz la mía, ya no tendría que hacer de interprete limitado. […]
No quedaba nada de mi estudio, y mis obras se exponían en un museo de, a mi parecer, calidad pésima, pero no me importaba pues solo eran restos de una etapa anterior, había evolucionado. Sí me satisfizo que se hubieran descubierto mis ensayos sobre naturaleza humana y como curar su enfermedad mental crónica, y me hizo gracia que se me tildara de perturbado por ellos. Tengan ustedes el detalle de echarles una ojeada, verán que lo que digo no ellos no es tan distante de lo que cualquier hombre o mujer en su sano juicio ha deseado alguna vez en la vida… […]
La misma noche de mi regreso encubierto compré un cincel y me dispuse a dar vida a la más bella escultura.
— Continúa—




O.o uah! De la ostia! xD. Solo hay un detalle. Noruega, bosque, sin ropa? y el frio? xD
Hemos de suponer que el hombre mató un oso y se hizo un traje XD
Supongamos xD Quiero la segunda parteeeee.