Después de cinco días de desaparición, estudios y escritura rabiosa, cuelgo parte del 4º capitulo de Calor Nuclear. Anterior post AQUI.
PD: había una portada anterior, pero aquí muestro la que he decidido como final, aunque está dispuesta a cambios. ¿Sugerencias de alguien con mas talento artistico que yo? serán bien recibidas.
Capítulo 4 (1/2)
Recargó el arma con un chasquido y miró atentamente a su alrededor. No había ningun saltarín mas, al menos no a la vista. Examinó los cadáveres. Uno hombre y una mujer, esta pelirroja, con la cara totalmente ensangrentada. Se la habían arrancado a mordiscos.
En el suelo, a un par de metros, estaba la mano derecha del hombre, desehechada por alguno de sus depredadores. Recogió las armas y los cargadores suplementarios y retrocedió. No había nada mas de utilidad, nada que salvar.
Aquella expedición por el hospital no le había sido muy fructífera. Además, era zona cero incluso para él. Con su resistencia natural a la radiación, había tenido que usar un traje de protección biológica para no caer desmayado por la mentada.
Se retiró, manteniendo la alerta. Su destino estaba a poco menos que un kilómetro del hospital, la base Primo de Rivera. La brigada paracaidista de Alcalá de Henares. La explosión había destrozado la parte lindante al hospital y había dejado en un estado bastante precario el reto de edificios de la estructura, pero la densidad y antigüedad del complejo había conseguido salvar mucho. Ahora se encontraban en plena zona cero, y solo habían sobrevivido los radioresistentes mas fuertes.
Una vez hubo salido del edificio y se alejó por lo que antaño fueron residencias de universidad, se quitó el casco y encendió el contador geiger, que crepitaba a un ritmo constante de dosis mortal, aunque para él era apenas como una pequeña nausea totalmente soportable. Había tenido que apagarlo, porque en el hospital el cacharro corrió el riesgo de fundirse.
A su alrededor el silencio y el eco de sus pisadas se hacía molesto, casi agónico. La paranoía crecía en su interior a cada expedición, pero como era el mas resistente a la radiación había tenido que aceptar misiones en solitario a lugares como el hospital. Cuando abandonaba la entrada del complejo del hospital universitario le sobrevoló un helicóptero.
Este se detuvo y una mano salió de la cabina del piloto. Contestó y entonces, para su sorpresa, una soga cayó hasta la altura de su cabeza. Sin pensárselo dos veces, se colgó el rifle del hombro y afianzó la mochila con los descubrimientos sobre los hombros.
Como cada vez que abordaba un helicóptero, al agarrarse a la cuerda le dio un pequeño vahido, ya que esta pareció ceder, como si el helicóptero fuera a caer del tirón. Pero, como siempre también, eso no ocurrió y pudo trepar, ayudado por un cabestrante que iba enrollando la cuerda dentro del pájaro.
Conforme subía el ruido se hacía ensordecedor. Cuando apenas le quedaban dos metros para alcanzar la puerta trasera y encaramarse al aparato. Un chillido atrajo su atención. Era un mutado. Uno de los peores. De los que fuera humano.
Con un cuerpo humano amorfo y totalmente rediseñado por la radiación, se plantó bajo el helicoptero y de un prodigioso salto se colgó de la misma cuerda en la que iba él.
No dudó ni un momento. Hizo un giro con el pie, enganchándoselo a la cuerda, y descolgó el arma de su hombro derecho. Cuando quiso apuntar, el mutado estaba a poco menos de un metro de él. El contador geiger chillaba histérico. Cuando una mano, enorme y renegrida se dirigía hacia él, vació un cargador. Pero no parecía darse cuenta. Le agarró del tobillo, y entonces su cabeza tocó el casco del pájaro. El cabestrante le había seguido remolcando. Sintió que un par de brazos tiraban de él hacia arriba y mas disparos. Pero el maldito mutado seguía colgado de su tobillo, y se empeñaba en intentar arrancarle la bota. Por suerte era dura y muy resistente. Al final, consiguieron soltarle. A veinte metros del suelo, observó al bicho. No estaba muerto, se alejaba, renqueante, sangrando, de nuevo hacia el hospital:
- Ha faltado muy poco, Moro.- Dijo una voz aguda tras él. Era un investigador que le había pedido su ayuda varias veces, un tal Juan Romero.
- Si, te había comido un pie.- Contestó otro mucho mas grave. A ese no le conocía.- Parece como si te siguiera.
- Si…- Contestó. Se




Después de examenes me tendré que poner al dia con los otros capitulos, porque parece una historia bastante emocionante.
Se te dan bien las escenas de acción.
Un saludo.
Me halaga! Siempre he pensado que mis escenas de acción son algo escasas, que les falta algo. xD