Me ha entrado morriña, y he decidido actualizar. Disculpar la ausencia de todos estos meses, pero he estado muchíiiiisimo tiempo sin Internet, con estreses, acontecimientos dolorosos… En fin…
Y si -por alguna casualidad- algún historiador leyese esto, disculparme ante él, por haber desaparecido de la historia, por desacatar mi rol… Tengo motivos…
Y ahora, leed.
¿Pues, no es tan verdad como que en primavera hay flores, el que mi sudor, fruto de tu sudor, es exótico elixir? La pócima secreta que tan llenos de vida y entusiasmo nos mantiene, el manjar de los dioses más caprichosos, el manantial que al más sediento calma, el oasis para el caminante fatigado, ese hijo bastardo del movimiento desenfrenado, del calor, de la pasión…
Ahora mira mi mirada y dime tú, amor, que no encuentras la paz entre mis brazos, el amor naufragado en mis ojos, el goce entre mis piernas, ni la tranquilidad acogedora en mi boca, tal como sí lo encuentro yo. Miénteme y grita, di que no me quieres, que el tiempo a mi lado sólo fue una mala cosecha, que mañana partirás hacia Singapur para no volver, que encontraste quien te hiciera más feliz de lo que te hago yo, dímelo, para desacostumbrar a mi mimado corazón. Aquél que cuando nota contra su sístole tu diástole se queda petrificado, a la ilusa espera de que jamás cese ese instante, el que cuando oye tu voz agridulce por la espalda inesperadamente da brusco giro y quiere correr a tu encuentro.
Toma mi mano, áspera y temblorosa, tímida y fría, y entona junto a mí un cántico que aleje de nosotros las nubes grises, disipe la neblina y haga transcurrir más veloz al tiempo. Y, como siempre, juntos nos haremos invencibles, capaces de emular a David contra un Goliat de tempestad, juntos guerreros feroces, y con la fuerza de un temible ejército espartano haremos de los problemas leves contratiempos.
Inyéctame tu sangre cuando flaqueen mis fuerzas, que yo insuflaré con mi aliento mi vida en ti cuando lo necesites, para hacernos inmortales, perpetuos en la memoria, y cuál Julio César la fama nos cubrirá, naciones enteras postradas a nuestros pies. Imagínate, tu y yo, besándonos con saña mientras sostenemos entre las manos entrelazadas el mundo entero. Nuestro mundo. Y lo cubriremos con las flores que nacen a nuestro alrededor cuando en la pasión nos fundimos en un único ser, lo llenaremos con las canciones que los ruiseñores gorgojean para disimular nuestros suspiros, lo colorearemos con los destellos arco irisados de los fuegos artificiales que explotan cuando alcanzamos juntos el nirvana.
Nuestro mundo, hecho a nuestra medida, dulce y cálido. Bañado de mi sudor, fruto de tu sudor, que es exótico elixir.




1 Respuesta a “Diario de Sufragista – Sudorosos”