24
Jun
09

La naranja mecánica

Me han llamado hereje. Me han “retirado” la palabra por no verla mil veces, pero al final, en una noche en la que hubo alcohol, mil pausas y mucha charla, la vi con Amemizu. Ahora coincido con que me “retiraran” la palabra. Es genial, un clásico, aunque lo dice alguien habituado a peliculas antiguas, puede que a un modernito de estos les horrorice que no se use un ordenador o efecto especial espectacular.

Anthony Burgess

Wikipedia, ya sabéis. Como único apunte, decir que solo he leido la naranja mecánica (si, Sufragista, se que solo hace un día que me lo dejaste, me lo he trincado) y que espero que me caiga algo mas en las manos, por que dicen que la mayor parte de sus obras son de ese estilo, caústicas y crueles.

La Naranja Mecánica

Este libro narra la vida de Alex, un joven Ultrviolento aficionado a Bethoven y sus drugos (amigos). Es, es, es…. la leche. Es un libro que no usa la violencia como fin, si no como medio para explicar una lección moral, el libre albedrío como mayor don de las personas, una dura crítica a sistemas, autoridades, a todos aquellos que tratan de sorbernos el cerebro e imponernos sus pensamientos. Dicho esto:

- Descargar la Naranja Mecánica (libro)

- Enlace a la película en megavideo.

Aconsejo leer el libro antes que ver la película, el libro es el que lleva toda la “chicha”, aunque se puede hacer algo pesado por el nasdat, pero todas las palabras son mas que deducibles y al final del PDF hay un glosario de Nasdat-Español.

Extracto

-¿y ahora qué pasa, eh?
estábamos yo, alex, y mis tres drugos, pete, georgie y el lerdo, que realmente era
lerdo, sentados en el bar lácteo korova, exprimiéndonos los rasudoques y decidiendo qué
podríamos hacer esa noche, en un invierno oscuro, helado y bastardo aunque seco. el bar
lácteo korova era un mesto donde servían leche-plus, y quizás ustedes, oh hermanos
míos, han olvidado cómo eran esos mestos, pues las cosas cambian tan scorro en estos
días, y todos olvidan tan rápido, aparte de que tampoco se leen mucho los diarios. bueno,
allí vendían leche con algo más. no tenían permiso para vender alcohol, pero en ese
tiempo no había ninguna ley que prohibiese las nuevas vesches que acostumbraban
meter en el viejo moloco, de modo que se podía pitearlo con velocet o synthemesco o
drencrom o una o dos vesches más que te daban unos buenos, tranquilos y joroschós
quince minutos admirando a bogo y el coro celestial de angeles y santos en el zapato
izquierdo, mientras las luces te estallaban en el mosco. o podías pitear leche con cuchillos
como decíamos, que te avivaba y preparaba para una piojosa una-menos-veinte, y eso
era lo que estábamos piteando la noche que empieza mi historia.
teníamos los bolsillos llenos de dengo, de modo que no había verdadera necesidad
de crastar un poco más, de tolchocar a algún anciano cheloveco en un callejón, y videarlo
nadando en sangre mientras contábamos el botín y lo dividíamos por cuatro, ni de
hacernos los ultraviolentos con alguna ptitsa tembleque, starria y canosa en una tienda, y
salir smecando con las tripas de la caja. pero como se dice, el dinero no es todo en la
vida.
los cuatro estábamos vestidos a la última moda, que en esos tiempos era un par de
pantalones de malla negra muy ajustada, y el viejo molde de la jalea, como le decíamos
entonces, bien apretado a la entrepierna, bajo la nalga, cosa de protegerlo, y además con
una especie de dibujo que se podía videar bastante bien si le daba cierta luz; el mío era
una araña, pete tenía una ruca (es decir, una mano), georgie una flor muy vistosa y el
pobre y viejo lerdo una cosa bastante fiera con un litso (quiero decir, una cara) de payaso,
porque el lerdo no tenía mucha idea de las cosas y era sin la más mínima duda el más
obtuso de los cuatro. además, llevábamos chaquetas cortas y ajustadas a la cintura, sin
solapas, con esos hombros muy abultados (les decíamos plechos) que eran una especie
de parodia de los verdaderos hombros anchos. además, hermanos míos, usábamos esas
corbatas de un blanco sucio que parecían de puré o cartófilos aplastados, como si les
hubieran hecho una especie de dibujo con el tenedor. llevábamos el pelo no demasiado
largo, y calzábamos botas joroschós para patear.
-¿y ahora qué pasa, eh?
había tres débochcas juntas frente al mostrador, pero nosotros éramos cuatro
málchicos, y en general aplicábamos lo de uno para todos y todos para uno. las pollitas
también estaban vestidas a la última moda, con pelucas púrpuras, verdes y anaranjadas
en las golovás, y calculo que cada una les habría costado por lo menos tres o cuatro
semanas de salario, y un maquillaje haciendo juego (arcoiris alrededor de los glasos y la
rota pintada muy ancha). llevaban vestidos largos y negros muy derechos, y en la parte de
los grudos pequeñas insignias plateadas con los nombres de distintos málchicos. joe,
mike y otros por el estilo. seguramente los nombres de los diferentes málchicos con los
que se habían toqueteado antes de los catorce. miraban para nuestro lado, y estuve a
punto de decir (por supuesto, torciendo la rota) que saliéramos a polear un poco, dejando
solo al pobre y viejo lerdo. sería suficiente cuperarle un demi-iitre de blanco, aunque esta
vez con algo de synthemesco; pero la verdad es que no habría sido juego limpio. el lerdo
era muy fiero y tal cual su nombre, pero un peleador de la gran siete, de veras joroschó y
un as de la bota.
-¿y ahora qué pasa, eh?
el cheloveco que estaba sentado a mi lado -porque había esos asientos largos, de
felpa, pegados a las tres paredes- tenía una expresión perdida, con los glasos vidriosos y
mascullando slovos, como «de las insípidas obras de aristóteles, que producen
ciclámenes, brotan elegantes formaniníferos». por supuesto, estaba en otro mundo, en
órbita, y yo sabía cómo era eso, porque lo había probado como todos los demás, pero en
ese momento me puse a pensar, oh hermanos, que era una vesche bastante cobarde. te
estabas ahí después de beber el moloco, y se te ocurría el meselo de que las cosas de
alrededor pertenecían al pasado. todo lo videabas clarísimo -las mesas, el estéreo, las
luces, las niñas y los málchicos- pero era como una vesche que solía estar allí y ya no
estaba. y te quedabas hipnotizado por la bota, o el zapato o la uña de un dedo, según el
caso, y al mismo tiempo era como si te agarraran del pescuezo y te sacudieran igual que
a un gato. te sacudían sin parar hasta vaciarte. perdías el nombre y el cuerpo, y te perdías
tú mismo, y esperabas hasta que la bota o la uña del dedo se te ponían amarillas. cada
vez más amarillas. después, las luces comenzaban a restallar como átomos, y la bota o la
uña del dedo, o quizás una mota de polvo en los fundillos de los pantalones se convertían
en un mesto enorme, grandísimo, más grande que el mundo, y ya te iban a presentar al
viejo bogo o dios, y entonces todo concluía. gimoteando volvías al presente, con la rota
preparada para llorar a grito pelado. todo muy lindo, pero muy cobarde. no hemos venido
a esta tierra para estar en contacto con dios. esas cosas pueden liquidar toda la fuerza y
la bondad de un cheloveco.
-¿y ahora qué pasa, eh?


2 Respuestas a “La naranja mecánica”


  1. 1 amemizu
    Junio 26, 2009 a las 12:17 pm

    Sabía que te gustaría XD

  2. 2 amemizu
    Junio 26, 2009 a las 12:17 pm

    Por cierto, buenísimas las últimas frases, he de decir.


Escribe un comentario




Derechos de Propiedad

Creative Commons License
El blog "La vida de un niño viejo" esta bajo una Licencia CC.

Manifiesto del Inadaptado

(Click en la Imagen para ver)

Han entrado aqui...

  • 25,276 lectores

 

Junio 2009
L M X J V S D
« May   Jul »
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930  

Localizador

Usuario Flickr

Ito V1 to V2

Reparto 1.0

More Photos