Pues… Según iba pasando por la ducha, he ido pensando todo esto, murmurandomelo para mi mismo. No quería perder la ocasión de compartirlo.
Pensamiento
Me apoyo en el azulejo y dejo salir un suspiro perlado de gotas de agua, mientras el chorro me recorre la espalda en un abrazo apretado y salpicante. Cierro el grifo y salgo. Me escuece el pie de rascármelo compulsivamente por las picaduras de los mosquitos.
Siempre que salgo de la ducha mi cara parece mas demacrada y cansada que cuando entro. Las ojeras se me ensanchan, y mi cuerpo pide a gritos tumbarme en un lugar fresco y acurrucarme lo mas apretado posible contra mi mismo, como un niño que se abraza las rodillas al no tener a nadie que lo abrace. Cojo una toalla y, limpiando lo mas gordo del agua, salgo del baño y me dirijo a mi habitación. Después de un bochornoso baño, el fresco del exterior se agradece mucho, y suspiro a gusto. Llego a la habitación y comienzo a secarme.
Estoy cansado y reflexivo. No se por que. El trabajo no ha sido excesivamente cansado y no ha ocurrido nada para que mi estado de ánimo sea tan lúgubre y pensativo. Me sigo secando, y mientras lo hago repaso todas mis cicatrices. Cicatrices en los nudillos de puñetazos dados, cortes de cristales y pisotones en las manos. Tres profundos cortes en el antebrazo de un desafortunado botellazo explotado cerca de mi cabeza, de estos aun recuerdo el sordo dolor y la imagen de la sangre manando a borbotones con buen ritmo. Cortes consecutivos de unos nazis en la muñeca izquierda, querían rajarme la cara.
Observo y me da la impresión de llevar toda una vida luchando, física y psicológicamente, por sobrevivir, como persona y como personalidad. Me palpo las cejas y revivo las migrañas causadas por los puñetazos, los sangrados de nariz. Me siento con la cabeza entre las manos y mis ojos se desvían a mi pie izquierdo, donde una terrible cicatriz es el recuerdo de un resbalón con la moto. Eso si que fue dolor, el asfalto se comió la mitad de la zapatilla hasta llegar a la carne, y una vez ahí, siguió ingiriendo.
Me pongo unos pantalones cortos rojos, despojo de mi época de jugador de baloncesto, y una camiseta ancha azul sin mangas. Han ocurrido tantas cosas, tantos accidentes, tantas cosas premeditadas, tantas cosas deseadas, no deseadas, desafortunadas y puros milagros, en apenas cuatro años, que no se como sigo vivo. Me miro al espejo. Me alegro de haber luchado por ser quien soy.




Me encanta…^^