Son las siete de la mañana y el despertador acaba de sonar, es viernes, un viernes cualquiera de instituto, alargo la hora unos cuanto minutos más mientras me estiro y me despejo calentita en la cama, después me levanto y me visto,me arregalo lo suficiente como para no tener las ojeras características de un estudiante de bachilleraro en época de exámen y desayuno.
El camino hacia la parada del autobús me resulta tan agradable que normalmente suelo pasarlo con un ritmo lento, pausado, con tranquilidad, no hay prisas y entonces comiendo a pensar y recuerdo aquella época. Aquella época en la que nada más despertar se me quitaban las ganas de vivir, en las que deseaba con todas mis fuerzas que cayera el diluvio universal para no tener que ir y comparo mi situación de ahora, en la que no me importa levantarme día tras día, haya exámenes o no, a simple vista parece la misma situación de siempre, excepto porque he tenido la gran suerte de topar con dos personitas que superan todo ese ambiente de adolescentes hormonados con ansias de creerse superiores y con un cerebro reducido al del tamaño de un simple mosquito, esos adolescentes que simplemente de limitan a seguir a la manada, a seguir a la sociedad, porque fueron las primeras que no me juzgaron cuando me vieron aparecer por la puerta el primer día de clase, porque únicamente se limitaron a conocerme y es que en realidad, aunque de forma superficial no tengamos nada que ver, somos más parecidas de lo que pensamos, completándonos la una a la otra con una coordinación casi perfecta. Siempre pensé que 3 es un número par.
Para Bollito y May
Hoy es uno de esos días. Hoy es uno de esos días en los que no te levantas con el pie izquierdo. Simplemente te das de boca con el suelo. Y cansado estoy. Yo solo puedo decir: “Que os fooolleeen”. Adoro esta polivalente frase, además la gente está demasiado necesitada de eso.



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