por ZeTTo

El suburbio de la vida es un lugar muy adecuado para pensar. El suburbio de la vida es, como su nombre indica, el final del mundo conocido por el humano, el punto muerto en el que es prácticamente imposible echar marcha atrás, un lugar donde te estancas eternamente y no puedes salir. El suburbio de la vida es, en última instancia, nuestro lugar para darle vueltas a la ídem. Para darnos cuenta de lo que nos ha llevado al final, lo que podemos hacer para salir.

En el suburbio crecen grandes y preciosas casas, y separadas de ellas por una minúscula carretera unas masas de edificios parecidos a cárceles que se dan en llamar urbanizaciones. El suburbio tiene un orden tal que da impresión de riqueza y artificialidad. Las calles son rectas, los cruces todos de noventa grados, nada altera su perfección urbanística salvo las mentes torturadas de los que llegamos a él, el reflejo exterior del suburbio es la antitesis de nuestro interior, quizás el espejo de lo que queremos alcanzar.

Podemos encontrar en nuestro paseo todo un elenco de cosas que nos ayudaran a meditar sobre los asuntos concernientes a nuestra penitencia mental. Caminando en sus largas rectas podemos encontrar las ramificaciones de nuestro destino, los accidentes de nuestra vida, los aciertos, menos numerosos estos si es que nos encontramos en este lugar de eterno atardecer. En los espacios vacíos de conciencia humana podemos explorar la nuestra, mientras viajamos de una zona a otra del pequeño ghetto esta en nuestra mano hacer inventario consciente de todo lo que nos ocurrió en el pasado, mas corto o mas largo dependiendo de nuestra edad, pero aquí los años transcurridos no significan si no mas faltas que añadir a nuestra lista de sufrimientos.

Así es el lugar donde mi alma se encuentra. El suburbio de la vida.


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